El Toro de San Torcuato

El Toro de San Torcuato

En el cortijo de Masmas habitaba un hombre, el cual tenía un gran rebaño de toros. Un día echó en falta al mejor de su manada, anduvo buscándolo por todas partes sin encontrarlo, hasta que pasadas unas horas vio como volvía por si solo. No le dio mayor importancia. Al día siguiente, de nuevo, observó que faltaba el toro, igualmente pasadas unas horas vio como regresaba, por lo que decidió observar el comportamiento del animal. Comprobó cómo durante varios días el toro se escaba a la misma hora y tras unas horas de ausencia volvía nuevamente al cortijo. – “¡Hay que ver, todos los días se marcha el toro!, ¡le voy a poner una cadena y así no se me escapa más!”.Teniendo el toro encadenado el hombre dejó de prestarle atención, volvió a sus quehaceres cotidianos. Despreocupado, al pasar cerca por donde lo tenía amarrado vio como la cadena se desprendía sola, sin ningún movimiento brusco por parte del animal. Atónito vio como el toro comenzó a alejarse del cortijo, “¿a dónde irá?, ¡otra vez a la misma hora!, ¡lo voy a seguir!”. Echó a caminar tras el animal pero después de seguirlo durante un largo trayecto, el toro llegó a un lugar en el cual había un gran agujero; vio como comenzaba a escarbar en él. Al acercarse vio los restos de un ser humano que habían estado allí sepultados, e identificó por el ropaje que podía ser alguien vinculado a la iglesia.

Tras aquel suceso el hombre marchó inmediatamente para Guadix a notificar el hallazgo, las autoridades identificaron al cadáver como el de San Torcuato y llegaron a la conclusión que el Santo había fallecido a la hora en que el toro se había estado escapando todos los días. Desde aquel entonces aquel lugar donde se había encontrado a San Torcuato pasó a llamarse de la misma manera que él, edificando posteriormente una ermita.